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La Fiesta del Carnaval
Hablar en Miguelturra del Carnaval es siempre una apuesta importante. Un niño,
un joven, cualquier anciano de la localidad, podrían disertar, sin miedo y sin tiempo,
sobre algo que para el miguelturreño es mucho más que una Fiesta. El Carnaval es una
forma de abordar la vida, de pararla, de templarla mirándola fijamente a los ojos y de
decirle:
"Hoy no, ¡chata!..., hoy el que manda en la "faena" es éste que vive oculto en mí y
que me representa mejor queyo mismo. ¡Hoy no!. , ¡chata!"
Precede a la Cuaresma Cristiana, es decir, a los cuarenta días, incluido el "Miércoles de Ceniza", anteriores a la Resurrección de Cristo,
marcados por esfuerzo personal de los fieles, que han de hacer penitencia y olvidarse de determinadas actividades y alimentos en estas fechas.
El origen, de la Fiesta en sí misma, no está del todo aclarado y aunque algunos investigadores, como Ribero-Meneses, lo sitúan en el Norte de
España; como los festejos con que se celebraba el final del año ibérico, las investigaciones con mayor consenso y más extensa documentación, ponen
los puntos de mira en las antiguas fiestas "Satumales" y "Lupercales", Orgías y Bacanales.
Julián Plaza, en el libro "Carnaval en La Mancha", elaborado en
colaboración con el Aula de Estudios de la Universidad Popular de Miguelturra, describe perfectamente, a parte del Carnaval Miguelturreño tratado casi monográficamente,
los orígenes del Carnaval a los que nos referíamos las corrientes en esta importante investigación, Las fiestas "Saturnales" romanas, en honor al dios Saturno, son un posible orígen. En ellas el mundo
se invertía, los amos eran criados, los criados amos, los que durante el año obedecían y eran humillados se daban, incluso, al insulto del poderoso,
el esclavo se mofaba estrepitosamente de su «dueño» mientras este, le servía la mesa con prestancia. y todo en memoria de la "Edad de Oro", en la que
Saturno reinó en la tierra y todos los hombres eran iguales. Saturno, el Cronos griego, el dios que enseñó la agricultura a los hombres.
Otras fuentes encuentran los orígenes del Carnaval en las fiesta "Lupercales", en honor al dios griego Pan. Se le representaba con cuernos
y con la mitad inferior del cuerpo de una cabra. Cuidaba de montes y campos, protegía a los rebaños, el descanso del mediodía (¡la siesta!),
los bosques y tenía la afición de la música y la danza. Los romanos lo identificaron con Fauno.
En las fiestas "Lupercales", los sacerdotes de Pan se vestían con las pieles de cabras y cabrones, sacrificados al efecto, y corrían las calles
como posesos, repartiendo latigazos entre los viandantes distraídos, lo que, como sucedería actualmente, ponía "grandes momentos de diversión",
para los que no eran alcanzados claro. También repasa Julián Plaza las más conocidas, "Orgías y Bacanales", en honor del dios Dionisos griego,
el Baco romano. Dios del vino, el que enseñó al hombre a cultivar la vid y en cuyas fiestas no faltaban los ritos orgiásticos.
Sea cual fuera su origen, lo cierto es que el Carnaval, la necesidad de convertir lo blanco en negro, de romper las normas de
convivencia que los mismos hunianos hemos establecido, al menos una vez al año, viene de lejos, de los mismos albores" de nuestras civilizaciones,
está en nuestra naturleza de hombres.
"Carrus navalis" romanos; carrozas que transportaban barcos en las fiestas citadas, nos dejaron la palabra Carnaval, como definición no sólo de
una Fiesta, sino de todo un sentir popular, la válvula depresión que ha evitado, durante siglos, que explote la olla social, especialmente cuando
en ella no sobraban garbanzos.
Al final, lo dice la leyenda retratada por el Arcipreste de Hita en el libro del Buen Amor, "Doña Cuaresma, arropada por marinas huestes destronará a Don Camal en denodada batalla".
Cada año acabará el desvergonzado caballero entre rejas y cada nuevo año escapará de ellas desparramando su mundo invertido entre los diminutos mortales que le aguatdan impacientes.
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